LOS PIOJOS Y ALBERTO LAISECA: EL BALNEARIO DE LOS DOCTORES CROTOS




“El balneario de los doctores crotos” aparece en Matando enanos a garrotazos, uno de los libros más emblemáticos de Alberto Laiseca, el maestro del “realismo delirante”. El cuento narra cómo dos crotos, Moyaresmio y Crk Iseka, pasan un día en la playa entre otros linyeras. Un relato ácido, surreal y, al mismo tiempo, brutalmente realista.
Cuando Ciro y Los Piojos lo transforman en canción para el disco Azul (1998), la literatura se cruza con la realidad social de la Argentina menemista. Ciro lo dijo sin vueltas: “La canción habla del menemismo, de cómo un maestro o un doctor podían terminar siendo linyeras por el vaciamiento total de los valores que sostienen a un país.”
La letra es un retrato musical de esa época: profesionales convertidos en crotos, sueños pulverizados por las privatizaciones, y una crítica al país que se desarmaba a pedazos.
Pero ojo, también hay una anécdota mucho más terrenal. La ex mujer de Ciro vivía en Bahía Blanca, en un barrio conocido como El Boulevard. Allí rondaba un linyera que aseguraba ser Baley, el arquero de Huracán que jugó en la Selección. En realidad, el hombre se llamaba Isecas, y los vecinos contaban que había sido un doctor o maestro que perdió el trabajo y la indemnización… y que, de la locura y el abandono, terminó en la calle.De ahí viene ese guiño en la canción:"Escuchá la lucha del Globo campeón♪♫" .
Laiseca, con su humor y su lucidez, agradeció siempre que Los Piojos hubieran tomado su cuento como inspiración. Aunque, fiel a su estilo, también bromeó:
“Me hubiera gustado que me hicieran una canción Los Auténticos Decadentes.” Una declaración muy “Laiseca”, entre la ironía y el delirio.
El cruce entre Los Piojos y Laiseca demuestra cómo el rock argentino se nutre de la literatura, pero también de la calle, de las historias mínimas que laten en los barrios. “El balneario de los doctores crotos” no es solo un cuento, ni solo una canción: es el espejo de una Argentina en crisis, contado con guitarras eléctricas y con la pluma de un escritor único.
Cuando los libros se cruzan con el rock, el resultado no es un simple homenaje. Es memoria, es denuncia, es arte popular. Y en este caso, es también uno de los grandes momentos donde la literatura delirante de Alberto Laiseca se volvió canción en la voz de Andrés Ciro.

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