El Presidente se reúne este jueves con el tecnomagnate estadounidense altamente cuestionado por su relación con Trump, la guerra y el cibercontrol. Al mismo tiempo, en un hecho inédito y con pobres excusas, la Policía Federal y la Casa Militar cerraron la Sala de Prensa y dejaron afuera a todos los periodistas para hacer sus tareas habituales. Censura explícita.
Paula Larrousse fue la primera en llegar hasta las rejas de la sede del Poder Ejecutivo nacional, apenas pasadas las 7:30 de este jueves. La movilera de Radio Diez salió a los pocos minutos al aire para dar una noticia extraña: “Desde hace un tiempito soy la primera en llegar y ‘abrir’ la Sala de Periodistas, pero hoy me prohibieron el ingreso a la Casa Rosada. Y es para todos los colegas”.
La periodista relató que efectivos de la Policía Federal y de la Casa Militar (a cargo de la custodia presidencial) la atendieron sin dejarla pasar a su habitual lugar de trabajo. “Tenían una hoja blanca con el nombre de 60 periodistas. Me dijeron que les avisara a mis colegas, a todos los acreditados, que ninguno podría entrar porque dieron de baja todas las acreditaciones”.
Al ser consultada por las razones esgrimidas por las autoridades de seguridad, la movilera contó que primero no le querían dar ninguna explicación y luego apareció “una persona de planta, que está hace muchos años en la Casa Rosada, y dijo que él no era el responsable pero lo mandaron a decir que esto es por ‘el espionaje’ (la campaña contra la supuesta “infiltración rusa”, NdR) pero además por lo sucedido con los periodistas de TN”.
La referencia al canal del Grupo Clarín se centra en una especie de cámara oculta realizada por periodistas de esa señal, cuyas imágenes se transmitieron en el programa “¿Y mañana qué?” que conduce Luciana Geuna, donde mostraban algunas escenas internas de la sede del Poder Ejecutivo. Hecho por el que, supuestamente, la Casa Militar denunció penalmente a la producción de ese canal.
Las excusas oficiales son impresentables, como casi todo lo que hacen los funcionarios de La Libertad Avanza.
La razón bien podría ser otra: intentar “blindar” la sede gubernamental de miradas indiscretas ante la visita de Peter Thiel, el explotador de 58 años propietario de Palantir, la tecnológica dedicada a brindarle “servicios” al Gobierno de Estados Unidos, especialmente en cuestiones bélicas. Un servicio sin el cual Donald Trump probablemente no habría podido avanzar tanto en su ataque a Irán.
Como se explicó en otros artículos de La Izquierda Diario, como acá y acá, la empresa de “inteligencia artificial” de Thiel está soldando una alianza cada vez más fuerte con el poder militar, vigilancia, negocios tecnológicos y reorganización del Estado imperialista.
Según la agencia Noticias Argentina, Milei recibirá este jueves al Thiel desde las 14 horas en la Rosada. Será la primera actividad oficial del presidente libertariano tras su reaccionario viaje a Israel, donde lejos de conseguir algún tipo de beneficio para la población argentina se dedicó a congraciarse con el genocida y criminal de guerra Benjamin Netanyahu y a participar de la ceremonia por el llamado “Día de la Independencia” israelí.
Junto al ultrareaccionario Elon Musk, Thiel cofundó la plataforma financiera PayPal y luego se convirtió en el primer gran inversor externo de Facebook. Con esos “emprendimientos” se llenó de plata y fue ganando cada vez más influencia en la industria tecnológica con sede en Silicon Valley. También fue parte de inversiones claves en otras corporaciones como Uber, Airbnb, Spotify y SpaceX.
El encuentro de Milei con Thiel dista mucho de ser una mera “reunión” para hablar amistosamente de las ventajas tecnológicas de Palantir. El tecnomagnate llegó a Argentina y pasará un par de meses, según él para “observar” el experimento liberfacho in situ. Se ha confesado un admirador del plan de motosierra y ajuste aplicado por el Gobierno argentino contra su población.
Se entiende entonces que, usando cualquier estúpida excusa, este jueves, en un hecho inédito en la historia reciente, el Gobierno haya decidido cerrar la Sala de Prensa de la Casa Rosada e impedirle a decenas de trabajadoras y trabajadores de prensa realizar su trabajo. Un hecho de censura explícita que debe ser repudiado y frenado de forma inmediata.
Es una incógnita hasta cuándo mantendrá la Jefatura de Gabinete, a cargo por el momento de Manuel Adorni, la desición de desacreditar a decenas de periodistas en la Casa Rosada. Cuantos más días pasen, más clara será la intención: que nadie mire, escuche ni huela lo que se cocina en los despachos.

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