Introducción
La relación
entre la política monetaria de Estados Unidos y el mercado energético mundial
ha sido determinante en la configuración del orden económico global. Comprender
cómo el dólar estadounidense, el petróleo y los cambios en la arquitectura
financiera internacional se entrelazan resulta esencial para analizar el
presente y las tensiones en torno a países con vastas reservas de
hidrocarburos, como Venezuela.
Contexto histórico: del patrón
oro al dinero fiduciario y el nacimiento del petrodólar
Hasta 1971, el
sistema monetario internacional estaba regido por el patrón oro, un mecanismo
por el cual las monedas nacionales podían ser convertidas en oro a una tasa
fija. Esto limitaba la emisión de dinero por parte de los países, ya que debían
respaldar la cantidad de moneda en circulación con reservas auríferas (FMI,
"El sistema de Bretton Woods"). Sin embargo, en agosto de 1971, el
presidente Richard Nixon anunció la suspensión de la convertibilidad del dólar
en oro, instaurando un régimen de dinero fiduciario. El dinero fiduciario es
aquel cuyo valor no está respaldado por un bien tangible, sino por la confianza
en la economía emisora y en su gobierno ("The End of the Bretton Woods
System (1972–81)", Federal Reserve History).
Con el abandono
del patrón oro, surgía la pregunta sobre qué sustentaría el valor internacional
del dólar. La respuesta fue el petrodólar: a través de acuerdos estratégicos
con Arabia Saudita y otros países de la OPEP en la década del 70, Estados
Unidos garantizó la protección militar y cooperación tecnológica a cambio de
que el petróleo se comercializara exclusivamente en dólares estadounidenses
(Yergin, D., "The Prize: The Epic Quest for Oil, Money, and Power",
1991). Así, toda nación que necesitara importar crudo debía adquirir dólares,
fortaleciendo la demanda global de la moneda estadounidense.
El vínculo entre dólar y
petróleo: acuerdos, cifras y funcionamiento
El petrodólar se
consolidó como el engranaje clave de la hegemonía financiera de Estados Unidos.
Según datos del Banco Mundial, a comienzos del siglo XXI, más del 80% de las
transacciones petroleras internacionales se realizaban en dólares ("World
Bank Commodity Markets Outlook", 2023). Este mecanismo permitió a EE.UU.
financiar déficits y mantener una posición privilegiada, ya que podía emitir
deuda en su propia moneda, que era demandada por bancos centrales y empresas
energéticas del mundo.
El
funcionamiento del sistema es simple: los países exportadores de petróleo
reciben dólares por sus ventas y, en muchos casos, reinvierten parte de esos
fondos en bonos del Tesoro estadounidense, retroalimentando la fortaleza del
dólar. Esta relación ha sido objeto de análisis en numerosos estudios
académicos, que resaltan cómo el "privilegio exorbitante" de EE.UU.
depende en gran medida del papel del dólar en los mercados energéticos globales
(Eichengreen, B., "Exorbitant Privilege", 2011).
El papel de los BRICS:
políticas monetarias y desafíos al dólar
En el escenario
actual, el bloque de economías emergentes conocido como los BRICS (Brasil,
Rusia, India, China y Sudáfrica, con la reciente incorporación de otros países)
impulsa la utilización de monedas locales para el comercio internacional, con
el objetivo de reducir la dependencia del dólar. Según el BRICS Economic
Bulletin (2023), se han concretado acuerdos bilaterales entre miembros para
realizar transacciones en yuanes, rublos y rupias, y se debate la creación de
una moneda digital común.
Este cambio
desafía la supremacía del dólar en el comercio energético, especialmente porque
varios miembros del BRICS son grandes productores o consumidores de petróleo.
El Fondo Monetario Internacional advierte que una diversificación monetaria
significativa podría modificar los flujos de capital y la demanda global de
dólares ("The Stealth Erosion of Dollar Dominance", IMF Working
Paper, 2023).
Reservas petroleras: datos y
ranking de países
Las reservas
probadas de petróleo son un indicador central en la geopolítica energética. De
acuerdo con el Statistical Review of World Energy (Energy Institute, 2023), los
cinco países con mayores reservas en el mundo son:
·
Venezuela: 303.8 mil millones
de barriles
·
Arabia Saudita: 267.2 mil
millones de barriles
·
Irán: 208.6 mil millones de
barriles
·
Iraq: 145.0 mil millones de
barriles
·
Rusia: 107.8 mil millones de
barriles
Estos países, en
su mayoría ajenos a la esfera geopolítica de Estados Unidos, ejercen una
influencia estratégica sobre el mercado petrolero y, en consecuencia, sobre el
sistema monetario internacional. Actualmente, la venta de petróleo se realiza
principalmente en dólares, lo que sostiene la demanda global de esta moneda y
refuerza su posición como principal moneda de reserva internacional. Si
Venezuela comenzara a vender su petróleo en otras monedas —como el yuan, el
rublo o una eventual moneda común de los BRICS— la necesidad de dólares para
estas transacciones disminuiría. Esto podría debilitar la hegemonía del dólar,
ya que los países a los que Venezuela vendería su petróleo son miembros
influyentes de los BRICS, capaces de promover alternativas al sistema basado en
el dólar y, así, afectar significativamente el mercado global.
Implicancias para Venezuela y
otros países con grandes reservas: análisis y conclusiones
La intersección
entre el dominio del dólar, el control del mercado petrolero y el ascenso de
alternativas monetarias como las promovidas por los BRICS genera tensiones
crecientes. Venezuela, poseedora de las mayores reservas de petróleo del mundo,
se encuentra en el centro de este tablero. Que Estado Unidos invada Venezuela no
es una decisión fundamentada en la legalidad internacional ni en una estrategia
clara de largo plazo, sino que podría interpretarse como una reacción
desesperada ante la pérdida de influencia: un “manotazo de ahogado”. No es más
que una acción impulsiva al percibir que el statu quo está en riesgo,
reflejando la misma lógica que en intervenciones previas, donde la presión por
mantener el control sobre recursos clave llevó a decisiones controversiales y
de alto costo político y económico.
En conclusión,
la política monetaria estadounidense y el sistema del petrodólar han sido
pilares de la influencia global de EE.UU., pero el avance de alternativas
impulsadas por los BRICS y la concentración de reservas en países fuera de su
órbita plantean desafíos inéditos. El futuro del orden monetario y energético
mundial dependerá de la capacidad de adaptación de los actores involucrados y
de la evolución de estas tendencias estructurales.