Cada experiencia tiene el esplendor de los primeros días y el fracaso de lo que se marchita gestando esta calesita de nunca acabar. Los males, inflación, recesión, estancamiento, siempre vuelven. Gobernar para el corto garantiza el fracaso del mediano y largo plazo.
No es ideología. Es algo más aquello que hace a la vigencia permanente de la "norma" que rige nuestro destino: la que rige la toma de decisiones. Esa regla común a los que gobiernan, desde hace medio siglo, es: "No tengamos en cuenta las consecuencias".
La dictadura, la obsesión insana del "corto plazo", que determina que las políticas tengan excluyentemente objetivos de lo inmediato e instrumentos limitados a la batería del corto plazo. Cada experiencia tiene el esplendor de los primeros días y el fracaso de lo que se marchita gestando esta calesita de nunca acabar. Los males, inflación, recesión, estancamiento, siempre vuelven. Gobernar para el corto garantiza el fracaso del mediano y largo plazo.
Basta echar una mirada sobre "las políticas" desde hace medio siglo, para detectar que tienen en común, lo efímero, el disimulo, un continuado de "atamos con alambre".
Nunca una política de cimientos sólidos. Políticas que desaparecen. Lo que queda, después de cada experiencia, son despojos, hilachas, la decadencia.
Hay un escenario. Sus pilares centrales, adecuadamente considerados, deberían cambiar los ejes de la conversación pública. Están silenciados. Un breve inventario para enmarcar las cuestiones de estos días.
Primero, el PBI por habitante de 2025 es, aproximadamente, superior en sólo 20% respecto del de 1975: en promedio crecimos cada año a la cifra reptante de 0,4% anual. No será fácil encontrar algo parecido. Para dimensionar el peso de esa trayectoria trágica basta mencionar que el PIB ph de Brasil, entre 1975 y 2025, creció 80%: cuatro veces más. Segundo, el número de personas que las estadísticas ubican debajo de la línea de pobreza, entre 1975 y 2025, en nuestra Argentina, aquella de la vigorosa clase media, se multiplicó 20 veces: la población se duplicó. En Brasil la población también se duplicó, pero el número de personas en la pobreza bajó 27%. Así de tremendo el fracaso argentino. Tercero, entre 1975 -año de comienzo de la fuga de capitales- y 2025 se acumularon, fuera del sistema financiero argentino, US$ 465.000 millones de residentes que fugaron: los héroes de Milei. Brasil, con una economía cinco veces mayor, registra que sus residentes acumulan fuera del sistema US$ 620.000 millones: el pecado es el mismo.
Pero la dimensión es tan distinta que torna la fuga carioca en irrelevante para el desarrollo de ese país, mientras que -para nosotros- es la puesta en número de las inversiones que no se realizaron: imposible llenar una pileta con tamaña filtración. Además, para los que fugan, blanqueos, perdones fiscales, cada oportunidad más generosos. Inocencia Fiscal de Toto Caputo: comprendemos el lance del inmobiliario Adorni.
Datos que condicionan la vida de los ciudadanos. TN, para pulsar el clima de quienes esperaban el colectivo por largo rato debido a la disputa por subsidios, tarifas y gasoil, le puso a Lourdes el micrófono al aire. Ella, dijo, trabaja en "recursos humanos", 28 años, un hijo, se levanta a las 5 y vuelve a a las 9 de la noche y repitió varias veces "estoy cansada". Aasí describió el estado de ánimo de esa clase media para la que "todo está mal, absolutamente todo, no tenés una buena". "No me alcanza para comer, en mi casa decimos que somos vegetarianos con humor, porque ya no comemos carne. Por lo menos por día tengo que cargar $5.000-6.000 de SUBE. Y estoy cansada. O sea, voy a seguir viviendo para pagar deudas de acá hasta que me muera. La verdad, yo no estoy de acuerdo...Sí estamos en democracia, cada uno elige, pero siento que la gente no se despierta y no se da cuenta de la realidad que estamos viviendo. Estoy saturadísima y la gente no se da cuenta y quizás desde el odio, pero ya no va desde el odio".
Lourdes ha editorializado de una manera impactante.
G. Olivetto (LN, 6/4) el analista de consumo, escribió: "El 65% de las familias tiene dificultades para llegar a fin de mes; dos de cada tres se vieron obligados a resignar consumos el último mes, sobre los ya resignados antes...Ese recorte se concentra en: alimentos y bebidas. Luego salidas y ropa. Si no hay lugar para lo básico, menos para lo que hoy se considera accesorio".
"Bronca, impotencia, frustración, hartazgo y enojo suman el 60% de las menciones. Entre aquellos que tienen trabajo, el 66% reconoce estar muy o bastante preocupado por la posibilidad de perderlo. El ingreso disponible, luego de pagar todos sus gastos fijos, tienen recursos para consumos discrecionales que son 40% más acotados de lo que eran en 2017". Estamos mal y vamos para atrás.
La economía "estanflacionaria" de la Argentina, surgida en 1975 -más allá de algunos períodos de razonable estabilidad, anclados en mecanismos tan arbitrarios como efímeros- ha sido sistemáticamente subdiagnosticada y tratada con remedios keynesianos que, obviamente, lejos de sentar las bases del crecimiento multiplicaron la inflación; o bien -como ahora- aplicando tratamientos, hoy con poca solvencia profesional, de terapias ortodoxas que, lejos de doblegar la inflación, terminan aplastando la economía y consolidando el estancamiento para volver, más temprano que tarde, a encontrarse con la rebeldía de precios relativos que, con desesperante ingenuidad, vuelven inexorablemente a la carga para buscar el nivel que hace menos daño al conjunto.
Obviamente me refiero al "ancla cambiaria": el maligno artificio de la desinflación express que "siempre está volviendo" en la sabia conciencia colectiva, que no deja de comprar dólares cuando están baratos, aunque el Toto - que tiene sus millones de dólares bien guardados afuera, hombre previsor - haga exhortaciones para que los ciudadanos de a pie liquiden el "canuto" y se pasen a pesos. Caputo debería haberle avisado a Adorni que, en lugar de pintar el cuadro de las hipotecas en verde dólar, debería haber ensayado hacerlo con pesos, total a las jubiladas seguramente les daría igual.
Mentir en pesos era mejor que hacerlo en dólares: habría servido para demostrar la explosión de confianza entre los funcionarios. Confianza y reactivación: Luis Caputo en la habitual sesión de dictado al apuntador Luis Majul, dijo (imperdible) que sus destacados funcionarios tomaron los créditos "por recomendación mía porque beneficia al país. Además, es la mayor justicia social" (Infobae, 6/4). ¿En qué quedamos? Milei dijo en la Fundación Faro (un aportante es José Luis Manzano, inspirador de "Robo para la Corona" de H. Verbistky), "la justicia social es una cuestión de ladrones" (swisinfo,ch 16/12/25) y al inaugurar las sesiones parlamentarias de 2026 dijo "a ver ignorantes, la justicia social es un robo, implica un trato desigual ante la ley que esta precedida de un robo, manga de ladrones, delincuentes".
Caputo ha estudiado las lecciones de Javier. Por eso, defendiendo los créditos que el Banco Nación otorgó a sus funcionarios, por ejemplo, a F. Furiase, los asoció a "justicia social" que, en realidad, es un robo en términos libertarios. No se equivocó. Furiase lo habría utilizado para una tercera propiedad: el Nación da préstamos para primera y segunda vivienda y el ex director del Central (que supervisa a los bancos) habría utilizado el crédito para una tercera casa de US$ 300.000 en un country de Pilar. LPO (9/4).
No todos son iguales, aún entre los libertarios. Sandra Petovello despidió al funcionario que "acudió a la maldita justicia social que es un robo" del crédito del Nación. Nada hay más importante en la vida que estar de acuerdo con uno mismo. Caputo...justicia social, traigan los dólares: ustedes, yo no.
Ud. dirá: ¿y qué tiene que ver todo esto con las políticas dominadas por el corto plazo y la ausencia de ponderación de las consecuencias?
Es que la noticia legislativa de la semana es la mayoría legislativa "multipartidaria" integrada por gobernadores peronistas, pícaros oportunistas que juntan votos con "la marca"; legisladores radicales, supuestos herederos de la lucha contra "los intereses del régimen" -la "causa"- y bloquecitos legislativos mutantes, no dudaron un minuto en aprobar la ley de glaciares que excluye la aprobación científica de los emprendimientos mineros en zona de glaciares y deja en manos de las burocracias provinciales la aprobación de esos proyectos. Obviamente acompañaron a libertarios y al PRO.
En el corto plazo festejarán la llegada de inversiones para explotar las riquezas mineras. Bien venidas sean. Pero, al derogar la imprescindible aprobación científica de las mismas, lograrán -en lo inmediato- mejoras en la vida cotidiana, pero habrán abierto "la caja de Pandora" de consecuencias que han decidido ignorar porque las han puesto, sin el menor cargo de conciencia, en manos inexpertas.
El problema moral de las consecuencias, de las decisiones políticas, es que tienen un lag suficientemente extenso como para que los responsables "disfruten" de las mieles de lo inmediato, mientras la sociedad sufrirá las consecuencias de su irresponsabilidad. Muchas veces ese voto tiene perfume crematístico. Cuando la Argentina tenga una organización gubernamental que custodie la decencia sería sabio tener un "Ministerio de las Consecuencias" integrado por personalidades calificadas de todos los ámbitos del conocimiento -con la sola exigencia de la capacidad y del "cursus honorum"- dedicada a inventariar "las consecuencias" a largo plazo de las normas gubernamentales.
Ello permitirá construir el mapa de "a dónde vamos"...y tal vez así dibujar al monstruo futuro, que a veces diseñan las decisiones de urgencia, y despertar la atención y ayudarnos a entender que "la urgencia del corto plazo" es una pésima consejera.
La inflación, el estancamiento, la carrera por el progreso personal siendo funcionarios por un tiempo son síntomas de una profunda enfermedad estructural de nuestra economía que jamás podrán curar las "estrategias efectistas" de corto plazo. Todo obedece al desprecio por las consecuencias, que es la enfermedad moral que padecen los que se niegan a pensar adónde vamos.

Publicar un comentario