miércoles, 29 de abril de 2026
ATLAS INTEL: una giro a la izquierda en Argentina
martes, 28 de abril de 2026
EL METODO CERO
Hay libros que aparecen cuando todavía está fresca la pintura de la época y, sin embargo, ya vienen con el bisturí en la mano. Almirante Cero de Claudio Uriarte fue uno de esos libros. Formalmente es una biografía no autorizada de Emilio Eduardo Massera; de contenido es uno de los ensayos más lúcidos sobre la Argentina contemporánea. Llegó cuando la democracia empezaba a acostumbrarse a su propia versión de la historia reciente, cuando el relato público tendía a ordenarse en vitrinas enfrentadas y autosuficientes. Uriarte prefirió tocar lo que no se tocaba. Corrió una mesa para preguntar por lo que faltaba en la escena. En vez de discutir solo los hechos, discutió el modo en que empezábamos a contarlos. Miraba la dictadura, sí, pero también miraba la fábrica de sentido que la rodeaba, la encuadraba, la transformaba en pasado clausurado.
De un lado estaba la versión condensada en discursos, marchas, condenas y una épica de duelo que, con razón, pedía justicia por las víctimas y señalaba responsables. Del otro, la derecha que todavía se animaba a defender a los jerarcas militares como salvadores de una Nación al borde del abismo. Uriarte eligió otro camino. Se metió con la política, con sus continuidades, con su lógica de clase, con su persistencia incluso en el corazón del terror. Y esa elección dejó una incomodidad que el libro conserva como si estuviera escrito para el presente.
Si la dictadura fue un hecho de pura violencia sin racionalidad política, entonces con la respuesta moral alcanzaba. Almirante Cero sostuvo, sin embargo, una idea que cambiaba la perspectiva. Incluso en los años en que parecía que el poder salía mecánicamente de la punta del fusil o de los sótanos de los centros clandestinos, la política actuaba. Sus leyes regían también en esa bruma. La dictadura fue la continuación de la política por otros medios, con instrumentos que incluyeron episodios de guerra civil, decretos de aniquilamiento, administración del terror y un ordenamiento quirúrgico de enemigos y aliados. Si el Proceso fue una política del Estado y una política de clase, entonces la pregunta no se agotaba en la condena. Se volvía inevitable indagar por el conflicto que lo hizo posible y por la sociedad que sufrió ese modo de resolverlo. La pregunta se estiraba hacia atrás. ¿Qué trance vino a cerrar, a qué le temían quienes mandaban, qué tipo de sociedad requería ese método para estabilizarse?
Ahí apareció el Cordobazo como bisagra y acontecimiento fundacional. Uriarte lo leyó como apertura de un período de lucha de clases aguda que se transformó en lucha política. Una experiencia colectiva que desafió seriamente al régimen del capital. En esa lectura, la llamada “guerra sucia” adoptó otra forma. No fue el capricho armado de una sociedad enloquecida. Fue una guerra contra un enemigo común, la clase obrera, cuando el riesgo dejaba de ser retórico y empezaba a oler a pérdida de privilegios.
Las organizaciones político-militares podían funcionar como casus belli, como dice Uriarte, para el dispositivo genocida. Pero el fundamento último estaba en otra parte. Lo esencial era el temor de arriba a que el mundo conocido dejara de obedecer sobre todo en los núcleos productivos en los que se gesta la ganancia. Entonces los agentes militares pusieron la casa en orden y a cada uno en su lugar. En ese punto, Uriarte se adelantó a lo que años después se llamaría un “cuarto relato”, una explicación que no se contentaba con denunciar el crimen y buscaba su función histórica. En todo el andamiaje del libro resuena el eco de las críticas al alfonsinismo de aquel Fogwill francotirador de los primeros años ochenta.
El segundo acierto del libro fue señalar el punto ciego de cierto derechohumanismo. Uriarte no le discutía su valor ni su coraje. Registró su potencia histórica. Un movimiento valiente y progresivo que, empujado por la búsqueda de justicia, desnudó el espanto al que puede recurrir el Estado, identificó responsables, habilitó juicios, rompió la trama de silencio. Pero al mismo tiempo abrió una incomodidad conceptual. La igualación del hombre abstracto con derechos universales no explica por sí sola la configuración concreta de una sociedad dividida en clases.
Los derechos, en una sociedad capitalista, se enuncian universales y se aplican con frontera. Los escasos derechos del trabajador terminan donde empieza una constitución entera al servicio de la propiedad privada. Hay territorios donde la democracia se vuelve decorado y la regla real es otra, la del estado de excepción cotidiano que gobierna con mano de hierro en la tiranía fabril o empresarial. De esa sociedad emergió el llamado Proceso. Y allí encontró raíces en sus derrotas, en sus errores y en las tragedias de sus intentos revolucionarios. Una experiencia de poco más de un lustro que, vista desde hoy, puede pensarse como el último gran ensayo general.
El tercer aporte de Almirante Cero tuvo algo de jugada arriesgada, pero no fue un gesto para provocar. Fue un diagnóstico. Uriarte describió la dialéctica de la victoria que contiene su propia derrota y la derrota que esconde una victoria posible. Y lo hizo con una lucidez perturbadora: Alfonsín como el mejor producto político civil de la dictadura militar, es decir, de Massera. La hipótesis funciona como llave para leer la época.
Porque lo que nació en 1983 no es solo un régimen constitucional. Es una arquitectura institucional atravesada por el fracaso de una posibilidad revolucionaria. Una democracia de la derrota. El militante reconvertido en ciudadano como resultado de esa encarnación histórica. El triunfo de la democracia sobre el fracaso de la revolución, una democracia poscontrarrevolucionaria. El ciudadano “aprendió” a autocensurar sus aspiraciones. “Aprendió”, también, a no imaginar un más allá del horizonte de la democracia burguesa. O fue obligado a “aprender” con el terror aplicado en los sótanos del Estado, pero esparcido sobre todo el cuerpo social en la superficie.
La escena se puede condensar en una línea que Uriarte rescató sin necesidad de subrayados. Massera, en su alegato final, dijo algo parecido a esto: ustedes están acá “haciendo justicia” porque nosotros ganamos la guerra. Había una cuota de verdad en esa brutalidad. Una verdad que no justificaba nada y sin embargo explicaba mucho. La democracia apareció como envoltura política de un orden social ya reacomodado a sangre y fuego.
El final amargo de la primavera democrática de los ochenta, con hiperinflación y quiebre económico, abrió la puerta a otro personaje. El ciudadano consumista de los noventa. La promesa dejó de ser justicia o libertad y pasó a ser estabilidad, acceso, crédito, mercancía. La política aprendió a administrarse como gestión del deseo de sobrevivir.
Luego vino el 2001. Ese estallido funcionó como una reversión parcial del legado de la dictadura, o al menos como una fisura. Para contener el pos-2001, el kirchnerismo construyó una mezcla, una mélangé entre una reivindicación general y acuosa de los setenta como heroísmo, pero también como “enfermedad infantil”, tamizada por los derechos humanos de los ochenta, bajo la estructura del consumismo de los noventa.
En economía fue posneoliberal en tres sentidos, y conviene sostener las tres capas porque ahí está la definición. Vino después del neoliberalismo, se constituyó sobre sus bases y se permitió incursiones tímidas sobre algunos postulados, sin alterar el núcleo duro. En ciertas áreas incluso lo reafirmó, como en la precarización laboral y la matriz extractivista, incluida la minería: la gallina de los huevos del experimento mileísta.
En política se erigió como una especie de etapa superior del alfonsinismo. Levantó banderas los derechos humanos e impulsó consumo para todos y todas. Consumismo más derechos humanos (“Frávega + derechos humanos”, graficaría Martín Rodríguez), bajo un manto de reivindicación moral de una juventud militante, maravillosa, única y, sobre todo, irrepetible en sus contornos más disruptivos.
La operación de rescate se hizo dentro de los marcos impuestos por la derrota. Bajo el balance despolitizado del Nunca Más, con prólogo retocado y repolitizado, pero sin cambio sustancial del marco estratégico legado por la dictadura. Y allí reapareció el Almirante Cero como cerebro alarmante y perverso, menos por su singularidad demoníaca que por su eficacia histórica.
Porque el rostro de Massera y sus cómplices de las Juntas fue el instrumento del que se valieron los dueños del país para ponerse a salvo a cualquier precio. El fin justificó los medios. Una vez garantizado el fin, aniquilar la insurgencia obrera, debía acabarse la rabia. Malvinas fue un intento de los militares de perpetuarse en el poder con la coartada de una causa justa. La derrota indigna apuró su salida con el concurso de la movilización popular.
Almirante Cero narró el álgebra de esa contrarrevolución. La mecánica. Las huellas profundas que dejó en la sociedad y la determinación que ejerció sobre el personal político del régimen constitucional. Massera quiso ser al mismo tiempo estratega de la contrarrevolución y líder político de la reacción democrática. Quiso transformar la sangre en capital político. Unir la sangre y el tiempo. Pero el Proceso ya había cumplido su misión. Massera era el candidato del Proceso y el Proceso murió políticamente cuando murió la dictadura como proyecto político extremo de los dueños del país. La casa estaba en orden y el capital podía y debía volver a cubrirse con su mejor envoltura. El “partido militar” ya había cumplido su tarea histórica y debía retirarse de la escena. El Diario de una temporada en el Quinto Piso de Juan Carlos Torre puede leerse -entre muchas otras cosas- como la crónica del disciplinamiento logrado por la dictadura sobre la política tradicional.
El libro de Uriarte tuvo la virtud perturbadora de mostrar qué se escondía detrás de esa fachada. Una democracia con herencia oscura, con juicio y algunos castigos a jerarcas que ya eran irreales por innecesarios, mientras se salvaba el conjunto del régimen político y social. El carácter endeble y gaseoso de los avances de las últimas cuatro décadas queda expuesto en la facilidad con la que la derecha retorna al kilómetro cero del andar de la democracia que parió el Proceso.
Ahí vuelve, como un eco, la pregunta de Uriarte. No la pregunta por la monstruosidad, que es evidente, sino la pregunta por la función. ¿Qué vino a hacer ese monstruo? ¿A quién le resolvió qué? ¿Cómo se transforma una contrarrevolución en sentido común democrático? ¿Cómo se fabrica un ciudadano que agradece existir dentro de los límites que le marcaron?
Almirante Cerono no prende una vela ni pide un minuto de silencio: pide que levantemos la alfombra y miremos el mecanismo, el engranaje que convirtió una guerra social en una moral pública administrable. La pregunta dejó de ser “cómo fue posible” para volverse más peligrosa: qué pacto se sostuvo después para que siguiera siendo rentable. Una sociedad se juzga también por lo que decide no tocar. El libro discutió el contrato, no el decorado; por eso el almirante es un método antes que un personaje. Si la dictadura tuvo una función, queda abierto quién la sigue usando. Mientras esa respuesta no aparezca, este régimen político camina sobre hielo fino: parece firme, pero cruje.
EL SATANICO DOCTOR MARX
La pregunta sobre si Marx era o no era satanista no tiene ningún sentido ni para la historia ni para la literatura. Lo interesante reside en registrar quién necesita decirlo, cuándo necesita decirlo y qué mundo imagina al decirlo
La extrema derecha considera que hay ideas que no admiten discusión ni refutación alguna: simplemente deben ser exorcizadas. Javier Milei decidió que las ideas de Marx pertenecen a esa especie. En su discurso en la Universidad Bar-Ilan, en Israel, mientras presentaba al capitalismo como “la divina maquinaria del paraíso”, dijo sobre el marxismo: “Se autodeclara como una teoría satánica. Marx era satanista”.
La escena tiene algo de novedad apenas superficial. Cambia la escenografía, cambian los apellidos o cambia el peinado del predicador. El libreto, sin embargo, tiene décadas de circulación. Ronald Reagan hizo escuela cuando llamó a la Unión Soviética “imperio del mal”. Fue en Florida, a principios de la década del ochenta del siglo pasado durante su discurso ante la National Association of Evangelicals. De esa manera, desplazó el debate del terreno geopolítico al de la guerra moral. Richard Wurmbrand, rescatado por Milei en Israel, publicó en 1986 un libro con un título provocador: Marx y Satán. En su “investigación”, el pastor evangélico anticomunista perseguido y encarcelado por el régimen rumano, sostiene que Marx no fue sólo un ateo o un crítico de la religión, sino alguien marcado por una rebelión espiritual profunda contra Dios. Wurmbrand intenta demostrar sus “tesis” a partir de la poesía y de las obras teatrales incompletas del joven Marx. Sobre todo, del drama Oulanem que en su centro literario tiene un monólogo con una voz cargada de nihilismo, desesperación, odio a la existencia y desafío metafísico. Con la misma vara se podrían juzgar como “satanistas” textos como el Fausto de Goethe, por razones obvias; Viaje al fin de la noche de Louis-Ferdinand Céline o El Aleph de nuestro Borges en el que el satánico Carlos Argentino Daneri asegura haber encontrado el punto de vista de Dios en el sótano de la vieja casona de Beatriz Viterbo en el barrio de Constitución. Lo peor no es eso, lo peor es que el narrador -Borges- confirma que ese lugar existe.
Con “argumentos” similares, el politólogo conservador Paul Kengor recicló la operación en 2020 con El Diablo y Karl Marx en el que asegura que los poemas juveniles del autor de El Capital evidencian una fascinación persistente por imaginería demoníaca. Milei no inventó nada: entró a una biblioteca muy concurrida de la derecha occidental y sacó un volumen del estante más gastado. Le puso su extravagante color local a ese anaquel plagado de exorcismos.
Antes de Reagan, antes de Kengor, antes de que los libertarianos descubrieran que también se puede agitar como un televangelista austríaco, el franquismo ya había hecho su contribución al género. En septiembre de 1945, Franco les habló a los asesores religiosos de la Sección Femenina del movimiento franquista de las maquinaciones satánicas del enemigo. El generalísimo llenó su jarra loca oscurantista con una constelación donde masonería, anti-España y marxismo solían mezclarse en el mismo pantano metafísico. El truco era ennegrecer el conflicto hasta volverlo cósmico para que el adversario dejara de ser un error y se transformara en una presencia maligna. El franquismo no hablaba del comunismo como quien habla de un adversario político sino como quien nombra una peste moral. El aire de familia con la narrativa de Estado en nuestro país entre los años 1976 y 1983 no es casualidad.
Lo curioso (o lo menos curioso, según como se mire) es que la imaginería infernal nunca fue del todo ajena a Marx. Entra por una puerta sinuosa y creativa: la de la ironía, la literatura o la negatividad. Está, efectivamente, en sus poemas juveniles, en ese romanticismo sombrío de estudiante alemán demasiado leído, demasiado febril, demasiado convencido de que una idea necesita también una escenografía. Los versos existen. También existen, para desgracia de los inquisidores amateurs, el nombrado Goethe, el gusto de época por los pactos y las tinieblas, la grandilocuencia adolescente, el placer de escribir como si cada noche fuera la última del mundo. No se puede condenar o absolver a esos poemas porque no se puede juzgar a la literatura con el manual de instrucciones de los comisarios de metáforas: alcanza con leerlos como poemas y no como prontuario policial.
En El 18 Brumario de Luis Bonaparte aparece la frase de Mefistófeles en su versión libre: “Todo lo que existe merece perecer”. También admite formulaciones más rotundas y de una densidad literaria mayor: “Porque todo lo que surge merece ir a la ruina” o “todo lo que nace merece perecer”. Engels la retomó más tarde en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana para condensar el nervio revolucionario de la dialéctica. Ahí el diablo no es el señor de las tinieblas de catecismo sino el nombre literario de la corrosión, de la crítica, del derecho de lo histórico a no arrodillarse ante lo dado. Ese hilo, una vez lanzado, siguió vibrando mucho después de Marx.
En América Latina, ese parentesco lateral entre marxismo y figura demoníaca tuvo su propia escena, más sobria y bastante más inteligente. José Aricó tituló La cola del diablo a uno de sus libros decisivos sobre la recepción de Gramsci en nuestra región. Rescataba una frase que el comunista sardo dejó caer en los Cuadernos de la Cárcel en la que decía que, si en el momento decisivo el diablo metía la cola, entonces habrá que aprender a tenerla de nuestro lado. El título tenía algo de declaración de método: meterse en la zona incómoda, tantear lo que desordena, no huirle a la parte maldita de la tradición.
La pregunta sobre si Marx era o no era satanista no tiene ningún sentido ni para la historia ni para la literatura. Lo interesante reside en registrar quién necesita decirlo, cuándo necesita decirlo y qué mundo imagina al decirlo. Más que comentar un poema de juventud de Marx, Milei y sus precursores estaban cerrando una arquitectura simbólica en la que el capitalismo coincide con la ley de Dios, el paraíso es una promesa de mercado y el marxismo aparece como la serpiente que viene a arruinar el jardín en el que florecen primero la plusvalía e, íntimamente vinculada con ella, la ganancia. En esa teología, la propiedad privada más que una institución histórica, es una revelación. Y toda crítica a la propiedad se vuelve, por definición, blasfemia.
De modo que hay una lógica bastante rigurosa en todo esto. La expresión más radical de la ideología capitalista no podía ver en Marx un simple economista decimonónico, ni un sociólogo molesto, ni un filósofo pesado. Necesita verlo como adversario absoluto. El Satán no es, en la cosmovisión religiosa, cualquier enemigo: es el ángel caído que no obedece, el que cuestiona, el que rompe la obediencia del mundo divino. Marx hizo exactamente eso con el capitalismo: le arrancó la aureola, le mostró la trastienda, le pinchó la mística, lo bajó del cielo de las virtudes y lo devolvió a la tierra de la explotación, del fetichismo y de la historia. Para una sensibilidad que llama “divina” a la maquinaria del capital, ese gesto sólo puede leerse como obra del demonio.
Y tal vez ahí, sin querer, Milei rozó una verdad: cuando el capitalismo (sobre todo en tiempos de crisis) deja de presentarse como sistema económico y comienza a hablar en el idioma religioso, Marx se transforma en una figura bíblica invertida: el ángel negro de la crítica, el aguafiestas del paraíso patronal, el intruso que entra al templo y recuerda que detrás de cada armonía hay una contabilidad hecha de sangre y lodo, de nervios estallados y músculos en ruinas. Resulta perfectamente coherente, entonces, que la forma más exaltada del credo capitalista vea en Marx a un Satán. No porque Marx haya venido del infierno, sino porque fue uno de los que mejor explicó cómo se fabrica, como es la arquitectura secreta y como se blinda con bruma divina ese infierno que todos los días se construye aquí en la tierra.
lunes, 27 de abril de 2026
COMO TERMINAN LAS MEDICIONES DE IMAGENES DE POLITICOS EN ABRIL DE 2026
CONSULTORA RUBIKON
Javier Milei con 41,7% de imagen positiva y 56,9% negativa
Patricia Bullrich con 39,2% positiva y 57,6% negativa
Luis Caputo con 28% positiva y 57,4% negativa
Manuel Adorni con 23,9% positiva y 64,4% negativa
Federico Sturzenegger con 20% positiva y 53,2% negativa.
Karina Milei con 22,6% positiva y 67,9% negativa
CLARA GARCIA: Desconocimiento o violación del reglamento de diputados
| ¿Desconocimiento o violación del reglamento en Diputados? |
domingo, 26 de abril de 2026
Qué papel juegan los padres: por qué faltan tanto los alumnos secundarios
El ausentismo en las escuelas secundarias tiende a ser un tema recurrente. Lo cierto es que se considera que hay un vínculo con el aula que se rompió y los adolescentes pueden llegar a faltar a clases hasta con la autorización de los padres. Las razones son varias y van desde las pocas ganas hasta actividades extracurriculares que se priorizan.
jueves, 23 de abril de 2026
CORONDA: HALLARON EL CUERPO DE MARÍA LAURA LAFUENTE Y CRECE LA CONMOCIÓN EN LA CIUDAD
CAE LA CAUTELAR QUE SUSPENDIA LOS 82 ARTICULOS DE LA REFORMA LABORAL
Cámara del Trabajo revoca la cautelar y restablece 82 artículos de la reforma laboral
El tribunal dispuso que la apelación del Estado tenga efecto suspensivo y dejó sin efecto la medida dictada por el juez Ojeda. La CGT mantiene el planteo de fondo contra la Ley 27.802
La Cámara del Trabajo revocó el fallo que suspendía 82 artículos de la reforma laboral, que se aprobó este año en el Congreso, y que había quedado en parte sin efecto por una cautelar dictada por el juez nacional Raúl Ojeda.
La decisión fue adoptada por la Sala VIII del tribunal, integrada por la jueza María Dora González y el juez Víctor Arturo Pesino.
Censura explícita. Para recibir a Peter Thiel en la Rosada, Milei prohibió el ingreso al periodismo acreditado
El Presidente se reúne este jueves con el tecnomagnate estadounidense altamente cuestionado por su relación con Trump, la guerra y el cibercontrol. Al mismo tiempo, en un hecho inédito y con pobres excusas, la Policía Federal y la Casa Militar cerraron la Sala de Prensa y dejaron afuera a todos los periodistas para hacer sus tareas habituales. Censura explícita.
Reforma Electoral: el Gobierno busca eliminar las PASO e implementar la Boleta Única
La iniciativa propone una reestructuración profunda del sistema político argentino, incluyendo la derogación de las primarias, la creación de un registro de "Ficha Limpia" y el endurecimiento de los requisitos para que los partidos mantengan su personería.
miércoles, 22 de abril de 2026
Garbarino cierra sus últimos locales y la web ya no funciona: solo quedan 18 empleados
La histórica cadena de electrodomésticos Garbarino, en quiebra desde marzo, mantiene abiertas sus puertas en los barrios porteños de Belgrano y Almagro solo para atender reclamos. Los acreedores tienen tiempo hasta el 24 de junio para presentar sus créditos.
Garbarino comenzó este mes con el proceso de cierre de sus últimos tres locales físicos, tal como estaba estipulado desde marzo de este año, cuando el Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 declaró la quiebra de la compañía. Aunque todavía existe un stock remanente, la tienda web ya no funciona y la clientela que tenga reclamos o dudas tendrá que recurrir a su casa central, ubicada en la calle Uruguay 552, o a las sucursales de Avenida Cabildo 2025, en Belgrano, y de Potosí 4138, en Almagro.
En tiempos de bonanza, Garbarino llegó a tener unas 300 tiendas en todo el país y alrededor de 5.000 empleados, de los cuales hoy quedan solo 18 personas para ocuparse del funcionamiento de la estructura remanente. La caída de la histórica cadena de electrodomésticos, fundada en 1951 por Daniel y Omar Garbarino, marca el fin de una era en el comercio minorista argentino, donde el apellido Garbarino se convirtió en sinónimo de tecnología y electrónicos para el hogar durante décadas.
Hasta el 24 de junio hay tiempo para que los acreedores puedan presentar sus reclamos al síndico designado por el juez Fernando D’Alessandro, con el objetivo de determinar el pasivo final de la quiebra. Luego, el síndico tendrá entre agosto y octubre para presentar un informe al respecto, y la Justicia tendrá la última palabra sobre cómo se repartirá lo que haya quedado de la otrora importante cadena. El actual presidente de la compañía es Carlos Rosales, el hombre que la compró en 2020 y que está inhabilitado para ejercer el comercio mientras dure el proceso de quiebra.
Lo que todavía no está definido es qué pasará con la marca en sí, porque Garbarino es un nombre fuerte en el mercado local con décadas de trayectoria. Tanto es así que la Justicia evalúa abrir un proceso paralelo para convertir a la marca Garbarino en un activo intangible de la compañía que hoy está en quiebra. Eso significa que, incluso después del cierre de las tiendas, el nombre podría ser vendido o licenciado a terceros, permitiendo que el legendario sello sobreviva más allá de la estructura física que lo vio nacer.
Daniel y Omar Garbarino abrieron en 1951 su tienda de electrodomésticos, con su apellido como marca, en un local ubicado en la calle Uruguay 552, donde todavía funciona la casa central que hoy recibe reclamos. Ese mismo lugar, testigo del nacimiento del imperio familiar, es ahora el punto de llegada de una clientela que busca respuestas sobre garantías, productos no entregados o créditos pendientes. El cierre de los últimos tres locales físicos y la caída de la plataforma web sellan el destino de una empresa que no pudo sortear la crisis económica y la transformación del comercio minorista. La historia de Garbarino, que comenzó hace 75 años con un pequeño local en el barrio de Once, se encamina así a su capítulo final.
La Justicia decretó la quiebra y liquidación de la histórica láctea santafesina SanCor
La Justicia decretó la quiebra y liquidación de la histórica láctea santafesina SanCor
Luego de atravesar casi dos décadas en fuerte crisis financiera y sin sus directivos haber encontrado la manera para frenar la debacle, este miércoles quebró la histórica usina santafesina santafesina Sancor, con sede en la localidad de Sunchales y portadora de una de las principales marcas lácteas argentinas. Así lo dispuso la sentencia dictada hoy por el Juzgado de Primera Instancia de Rafaela.
La decisión se toma tras el fracaso del concurso preventivo iniciado en febrero de 2025, y se basa en que la propia cooperativa reconoció formalmente su imposibilidad de pagar las deudas verificadas y de presentar una propuesta de acuerdo a sus acreedores. Además, acumulan también los pedidos de quiebra directa promovidos por acreedores externos ante la falta de pago de obligaciones corrientes posteriores al concurso.
Otro argumento de peso al que recurrió el tribunal fue la «inviabilidad estructural» de la cooperativa debido a su millonario pasivo. En efecto, la deuda concursal es de 41.600 millones de peso. y 86 millones de dólares.
Además, generó una deuda Postconcursal (generada durante el proceso) que se estima que crece a un ritmo de $3.000 millones mensuales. Con respecto a la deuda laboral, al personal activo se le deben más de 5 meses de sueldos.
En la actualidad, las seis plantas industriales funcionan muy por debajo de su capacidad; la de Sunchales es actualmente la más ociosa.
La jueza Agostina Silvestre ordenó la continuación de la explotación de la empresa para preservar su valor como unidad económica y proteger las fuentes de trabajo, y dispuso la venta de la empresa «en marcha» (como un todo o por unidades productivas) mediante una licitación transparente, buscando un adquirente que pueda reactivar la producción.
Sobre el régimen laboral, el síndico deberá presentar una lista del personal estrictamente necesario para mantener la operación o el mantenimiento de las plantas, y los trabajadores que no sean incluidos en dicha lista quedarán suspendidos por 60 días. Si al cabo de ese tiempo no hay una solución para su situación, la relación laboral quedará extinguida.
Por su parte, los directivos perdieron la administración de los bienes, que pasa a manos de la sindicatura, y se ordenó la inhibición general de bienes y la prohibición de salir del país para los integrantes del Consejo de Administración y el Síndico titular de la cooperativa.
El juez determinó que el mecanismo de «salvataje» por parte de terceros, conocido como cram down, no es aplicable porque la ley de cooperativas impide que un tercero externo adquiera las cuotas sociales como si fuera una sociedad anónima. Además, la deuda es tan alta que supera el valor de los activos, haciendo inviable el mecanismo tradicional de asunción de pasivos.
¿Cuáles son los próximos pasos? Los acreedores con deudas posteriores a la presentación del concurso tienen hasta el 29 de mayo de 2026 para presentarse a verificar sus créditos. Mientras tanto, la sindicatura debe realizar un inventario detallado de todos los activos en cada establecimiento.
“Mensaje a la sociedad”
Más allá de las fuentes laborales en juego, al tratarse de una entidad de mucha tradición, la jueza dedicó varias páginas de la resolución a enviar un “mensaje a la sociedad” sobre la quiebra detectada. Esto dijo:
Las causas del deterioro tan progresivo y prolongado aún no han sido analizadas desde la perspectiva judicial, a los meros efectos del proceso. Sin embargo, son conocidas las voces -muchas autorizadas- que pueden dar cuenta de la historia que desembocó en este final.
En lo que toca a este órgano judicial, en adelante, la prioridad será la que impone la Ley 24.522: satisfacer en la mayor medida posible el interés de los acreedores. A nadie se le oculta el valor de mercado que hoy sigue teniendo la marca, lo cual es fundamento cierto de reales expectativas sobre la posible venta de la misma (es un activo separado e independiente de las plantas industriales) a valores significativos.
Pero lo que quisiera resaltar -por si a alguien se le escapa- es que el sustento de la marca es ciertamente humano: son los trabajadores, comprometidos hasta postergar lo necesario para sus familias -sabiendo que no cobrarán el sueldo entero a fin de mes-, los que han permanecido trabajando con el compromiso e ingenio necesarios en medio de esta crisis, sosteniendo con éxito la calidad, característica principal de la marca.
Sería del todo razonable y conveniente que los eventuales interesados en comprar activos de Sancor sepan que aquí radica verdaderamente el valor de los activos: basta con hacer el ejercicio mental de suponer la hipótesis en que la empresa se quedara sin activos físicos y tuviera que adquirir otros semejantes, lo cual seguramente sería solucionado en poco tiempo por el personal que hoy trabaja.
Sin embargo, a la inversa, si las plantas se quedaran sin el personal, sería muy difícil estimar el tiempo que llevaría a nuevos empleados construir la organización que hoy existe, y, sobre todo, elaborar los mismos productos, y con la misma calidad.
Finalmente, quiero subrayar el compromiso de este órgano judicial en prestar un servicio de justicia que esté a la altura de semejante desafío, con la mayor eficacia y eficiencia que permitan superar esta etapa, invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia (como dice el Préambulo de la Constitución de la Provincia de Santa Fe), para el mayor bien de las personas y de la economía regional».
Más de la mitad de los niños son pobres en la Argentina y el 30% se saltea comidas, según la UCA
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| Más de la mitad de los niños son pobres en la Argentina y el 30% no se alimenta de forma adecuada, según la UCA (Foto: AP) |
La pobreza infantil pasó del 59,7% al 53,6% en 2025. El reporte advierte por la inseguridad alimentaria y la atención de la salud en los menores.
Un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) arrojó que la pobreza de los chicos y adolescentes llegó al 53,6% en 2025, mientras la indigencia alcanzó al 10,7%.
Las cifras surgen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA). El reporte señaló que el dato implica una baja en la pobreza infantil con respecto al año previo (59,7%), pero adviertió: “No debemos confundir una mejora coyuntural con la solución de un problema estructural”.
El informe incluye un índice de pobreza multidimensional, que abarca alimentación, saneamiento, vivienda, salud, información y la educación. A partir de esas variables se determinó que más de la mitad de los chicos y adolescentes fue pobre el año pasado.
“Estos datos reflejan la persistencia de déficits estructurales que condicionan el desarrollo de las infancias, incluso en un contexto de cierta mejora en algunos indicadores sociales”, remarcó la UCA.
El 30% de los niños y adolescentes no se alimenta de forma adecuada
El informe de la UCA señaló que tres de cada 10 niños y adolescentes no logra alimentarse de manera adecuada.
En concreto, el 28,8% de los niños y adolescentes experimentó inseguridad alimentaria en 2025, con un 13,2% en su forma más severa. La problemática se concentra en los hogares de menores ingresos y residentes en el Gran Buenos Aires.
“Si bien estos valores muestran una mejora respecto de 2024, no logran retornar a los niveles previos a la crisis y se mantienen por encima de la década de 2010. En ese contexto, la asistencia alimentaria alcanza niveles récord (64,8%)”, sostuvo el informe.
Para la UCA, este aumento en la asistencia no solo reflejó la ampliación de la cobertura, sino también la incorporación de sectores que antes no recurrían a estos programas.
Ahí, indicó, aparece también un punto clave: la asistencia social para recomponer los ingresos de la población más vulnerable.
El reporte detalla que la cobertura de asistencia social, como la Asignación Universal por Hijo (AUH), alcanzó al 42,5% de los niños. En 2024, el indicador abarcaba al 45,8%.
La atención de la salud de los chicos, postergada por problemas económicos
La UCA advirtió que la atención de la salud de los menores es postergada por problemas económicos.
Según la encuesta, el 19,8% dejó de asistir al médico, al odontólogo o a ambos por problemas económicos durante 2025.
Esta cifra afecta al 11,3% de los menores de 5 años y alcanza al 27,5% de los adolescentes.
“La atención odontológica es la más postergada, lo que evidencia una deuda histórica de las políticas sanitarias con la salud bucal, a pesar de su impacto en la nutrición, la autoestima y la calidad de vida”, indicó el informe.
martes, 21 de abril de 2026
DEUDA EXTERNA: se registra una deuda externa bruta de 320.305 millones de dólares
viernes, 10 de abril de 2026
El Indec confirma, con datos oficiales, el "industricidio" del modelo Milei: 14 sectores en contracción, capacidad instalada al 53% y ninguna política
El Índice de Producción Industrial Manufacturero publicado por el Indec el 9 de abril de 2026 entrega un diagnóstico que ningún comunicado oficial puede reformular con comodidad.
El Índice de Producción Industrial Manufacturero correspondiente a febrero de 2026, publicado por el Indec el 9 de abril, registró una contracción interanual del 8,7% y una caída acumulada del 6,0% en el primer bimestre. Catorce de las dieciséis divisiones industriales presentaron variaciones negativas. Maquinaria y equipo cayó 29,4%. Textiles, 33,2%. Automotores, 24,6%. Aparatos domésticos, 38,0%. Solo energía y químicos crecen. El patrón no es aleatorio: es la huella estadística de una economía que desindustrializa mientras estabiliza. Análisis sectorial completo con perspectiva desarrollista.
El número que el crecimiento nominal no puede esconder
IPI Manufacturero — Indicadores clave febrero 2026:
- Variación interanual nivel general: -8,7%
- Variación intermensual desestacionalizada: -4,0%
- Variación acumulada primer bimestre: -6,0%
- Divisiones con caída interanual: 14 de 16
- Divisiones con crecimiento interanual: 2 de 16
El Índice de Producción Industrial Manufacturero publicado por el Indec el 9 de abril de 2026 entrega un diagnóstico que ningún comunicado oficial puede reformular con comodidad: la industria manufacturera argentina se contrajo 8,7% en términos interanuales durante febrero de 2026, acumulando una caída del 6,0% en el primer bimestre respecto al mismo período de 2025. El índice de la serie desestacionalizada registró además una variación intermensual negativa del 4,0%, indicando que la contracción no es un efecto de base comparativa desfavorable sino un deterioro activo del nivel de actividad fabril.
Anatomía sectorial: qué cae, qué crece y qué significa
El desglose por divisiones revela una estructura de contracción que tiene lógica sistémica precisa, no distribución aleatoria.
Sectores con caídas superiores al 20% interanual:
Maquinaria y equipo retrocedió 29,4% interanual, con maquinaria agropecuaria en -37,7% y aparatos de uso doméstico en -38,0%. La caída en electrodomésticos responde, según el propio informe del Indec, a mayor competencia de productos importados — señal directa del impacto del atraso cambiario sobre los sectores industriales con mayor elasticidad de sustitución importada. Textiles y productos de vestir, cuero y calzado registraron contracciones del 33,2% y 18,2% respectivamente, con tejidos y acabado de productos textiles en -47,0% interanual — una cifra que en cualquier economía industrializada activaría mecanismos de emergencia sectorial inmediata. Vehículos automotores, carrocerías y autopartes cayó 24,6%, con producción de automóviles en -29,9% y ventas a concesionarios de unidades nacionales en -45,9% según datos de Adefa. Las exportaciones de automóviles retrocedieron 37,2% y las de utilitarios 24,0%, con Brasil como principal destino afectado (-25,7% interanual en los envíos).
Los dos únicos sectores con crecimiento:
Refinación del petróleo, coque y combustible nuclear creció 19,7% interanual, traccionado por gasoil (+23,8%) y otras naftas (+10,8%). Sustancias y productos químicos subió 3,7%, impulsado principalmente por productos farmacéuticos (+11,2%) y productos químicos básicos (+11,3%).
El patrón emergente es inequívoco desde una perspectiva estructural: crecen los sectores vinculados a recursos naturales y economías de escala con baja absorción de empleo formal por unidad de producto. Se contraen los sectores intensivos en trabajo calificado, encadenamientos productivos locales y generación de valor agregado manufacturero. Es exactamente la configuración que los estructuralistas latinoamericanos identificaban como trampa de especialización primaria en economías periféricas abiertas sin política industrial activa.
La importación como vector de sustitución: el mecanismo preciso
El informe técnico del Indec identifica explícitamente la competencia importada como factor explicativo en tres divisiones críticas: aparatos de uso doméstico, prendas de vestir y productos textiles. En los tres casos, la fórmula es idéntica — menor demanda interna combinada con mayor penetración de importados — y la causa estructural subyacente es también idéntica: un tipo de cambio real apreciado que abarata los productos extranjeros en términos de pesos mientras encarece relativamente la producción doméstica.
Con el dólar mayorista cayendo 4,3% nominal en lo que va de 2026 mientras la inflación acumula más del 33% interanual, la apreciación real del peso actúa como un subsidio implícito a la importación y un impuesto implícito a la producción industrial local. El sector textil argentino, que opera con índices de base 2004=100 en valores de 44,0 puntos, registra niveles de producción que representan menos de la mitad de lo que producía hace dos décadas. La caída de tejidos y acabado al -47,0% interanual no es una perturbación coyuntural. Es la señal de un sector que se aproxima a umbrales de inviabilidad productiva estructural.
El diagnóstico desarrollista: crecimiento sin densidad industrial
La divergencia entre crecimiento nominal del PBI y contracción de la producción manufacturera no es una paradoja estadística. Es la evidencia más directa disponible de que la recuperación económica en curso está traccionada por sectores con baja densidad de empleo formal, escasos encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, y limitada capacidad de generación de base tributaria masiva.
Energía, agro y servicios financieros pueden expandir el PBI nominal sin generar la masa de empleo registrado, consumo formal y actividad manufacturera que alimentan el IVA, los aportes de seguridad social y los tributos que financian el equilibrio fiscal. El resultado es la coexistencia estadísticamente posible pero estructuralmente insostenible de crecimiento agregado con desindustrialización sectorial, caída de la recaudación real y deterioro de la base imponible.
Desde una perspectiva desarrollista, la producción manufacturera no es un sector más de la economía. Es el eslabón que articula complejidad productiva, empleo calificado, encadenamientos intersectoriales y exportaciones con valor agregado. Una economía que pierde capacidad manufacturera acumula fragilidad estructural que se materializa con rezago pero con certeza: menor diversificación exportadora, mayor dependencia de precios de commodities, menor capacidad de absorción de empleo formal calificado y mayor vulnerabilidad ante shocks externos.
El IPI manufacturero de febrero 2026 no describe una coyuntura adversa pasajera. Con catorce de dieciséis divisiones en terreno negativo, maquinaria agropecuaria en -37,7% y textiles en colapso sectorial, describe la trayectoria de una economía que completó la primera mitad del programa de estabilización sin iniciar la segunda: la reconstrucción del aparato productivo industrial que convierte la estabilización en desarrollo.
¿Adónde vamos?
Cada experiencia tiene el esplendor de los primeros días y el fracaso de lo que se marchita gestando esta calesita de nunca acabar. Los males, inflación, recesión, estancamiento, siempre vuelven. Gobernar para el corto garantiza el fracaso del mediano y largo plazo.
No es ideología. Es algo más aquello que hace a la vigencia permanente de la "norma" que rige nuestro destino: la que rige la toma de decisiones. Esa regla común a los que gobiernan, desde hace medio siglo, es: "No tengamos en cuenta las consecuencias".
La dictadura, la obsesión insana del "corto plazo", que determina que las políticas tengan excluyentemente objetivos de lo inmediato e instrumentos limitados a la batería del corto plazo. Cada experiencia tiene el esplendor de los primeros días y el fracaso de lo que se marchita gestando esta calesita de nunca acabar. Los males, inflación, recesión, estancamiento, siempre vuelven. Gobernar para el corto garantiza el fracaso del mediano y largo plazo.
Basta echar una mirada sobre "las políticas" desde hace medio siglo, para detectar que tienen en común, lo efímero, el disimulo, un continuado de "atamos con alambre".
Nunca una política de cimientos sólidos. Políticas que desaparecen. Lo que queda, después de cada experiencia, son despojos, hilachas, la decadencia.
Hay un escenario. Sus pilares centrales, adecuadamente considerados, deberían cambiar los ejes de la conversación pública. Están silenciados. Un breve inventario para enmarcar las cuestiones de estos días.
Primero, el PBI por habitante de 2025 es, aproximadamente, superior en sólo 20% respecto del de 1975: en promedio crecimos cada año a la cifra reptante de 0,4% anual. No será fácil encontrar algo parecido. Para dimensionar el peso de esa trayectoria trágica basta mencionar que el PIB ph de Brasil, entre 1975 y 2025, creció 80%: cuatro veces más. Segundo, el número de personas que las estadísticas ubican debajo de la línea de pobreza, entre 1975 y 2025, en nuestra Argentina, aquella de la vigorosa clase media, se multiplicó 20 veces: la población se duplicó. En Brasil la población también se duplicó, pero el número de personas en la pobreza bajó 27%. Así de tremendo el fracaso argentino. Tercero, entre 1975 -año de comienzo de la fuga de capitales- y 2025 se acumularon, fuera del sistema financiero argentino, US$ 465.000 millones de residentes que fugaron: los héroes de Milei. Brasil, con una economía cinco veces mayor, registra que sus residentes acumulan fuera del sistema US$ 620.000 millones: el pecado es el mismo.
Pero la dimensión es tan distinta que torna la fuga carioca en irrelevante para el desarrollo de ese país, mientras que -para nosotros- es la puesta en número de las inversiones que no se realizaron: imposible llenar una pileta con tamaña filtración. Además, para los que fugan, blanqueos, perdones fiscales, cada oportunidad más generosos. Inocencia Fiscal de Toto Caputo: comprendemos el lance del inmobiliario Adorni.
Datos que condicionan la vida de los ciudadanos. TN, para pulsar el clima de quienes esperaban el colectivo por largo rato debido a la disputa por subsidios, tarifas y gasoil, le puso a Lourdes el micrófono al aire. Ella, dijo, trabaja en "recursos humanos", 28 años, un hijo, se levanta a las 5 y vuelve a a las 9 de la noche y repitió varias veces "estoy cansada". Aasí describió el estado de ánimo de esa clase media para la que "todo está mal, absolutamente todo, no tenés una buena". "No me alcanza para comer, en mi casa decimos que somos vegetarianos con humor, porque ya no comemos carne. Por lo menos por día tengo que cargar $5.000-6.000 de SUBE. Y estoy cansada. O sea, voy a seguir viviendo para pagar deudas de acá hasta que me muera. La verdad, yo no estoy de acuerdo...Sí estamos en democracia, cada uno elige, pero siento que la gente no se despierta y no se da cuenta de la realidad que estamos viviendo. Estoy saturadísima y la gente no se da cuenta y quizás desde el odio, pero ya no va desde el odio".
Lourdes ha editorializado de una manera impactante.
G. Olivetto (LN, 6/4) el analista de consumo, escribió: "El 65% de las familias tiene dificultades para llegar a fin de mes; dos de cada tres se vieron obligados a resignar consumos el último mes, sobre los ya resignados antes...Ese recorte se concentra en: alimentos y bebidas. Luego salidas y ropa. Si no hay lugar para lo básico, menos para lo que hoy se considera accesorio".
"Bronca, impotencia, frustración, hartazgo y enojo suman el 60% de las menciones. Entre aquellos que tienen trabajo, el 66% reconoce estar muy o bastante preocupado por la posibilidad de perderlo. El ingreso disponible, luego de pagar todos sus gastos fijos, tienen recursos para consumos discrecionales que son 40% más acotados de lo que eran en 2017". Estamos mal y vamos para atrás.
La economía "estanflacionaria" de la Argentina, surgida en 1975 -más allá de algunos períodos de razonable estabilidad, anclados en mecanismos tan arbitrarios como efímeros- ha sido sistemáticamente subdiagnosticada y tratada con remedios keynesianos que, obviamente, lejos de sentar las bases del crecimiento multiplicaron la inflación; o bien -como ahora- aplicando tratamientos, hoy con poca solvencia profesional, de terapias ortodoxas que, lejos de doblegar la inflación, terminan aplastando la economía y consolidando el estancamiento para volver, más temprano que tarde, a encontrarse con la rebeldía de precios relativos que, con desesperante ingenuidad, vuelven inexorablemente a la carga para buscar el nivel que hace menos daño al conjunto.
Obviamente me refiero al "ancla cambiaria": el maligno artificio de la desinflación express que "siempre está volviendo" en la sabia conciencia colectiva, que no deja de comprar dólares cuando están baratos, aunque el Toto - que tiene sus millones de dólares bien guardados afuera, hombre previsor - haga exhortaciones para que los ciudadanos de a pie liquiden el "canuto" y se pasen a pesos. Caputo debería haberle avisado a Adorni que, en lugar de pintar el cuadro de las hipotecas en verde dólar, debería haber ensayado hacerlo con pesos, total a las jubiladas seguramente les daría igual.
Mentir en pesos era mejor que hacerlo en dólares: habría servido para demostrar la explosión de confianza entre los funcionarios. Confianza y reactivación: Luis Caputo en la habitual sesión de dictado al apuntador Luis Majul, dijo (imperdible) que sus destacados funcionarios tomaron los créditos "por recomendación mía porque beneficia al país. Además, es la mayor justicia social" (Infobae, 6/4). ¿En qué quedamos? Milei dijo en la Fundación Faro (un aportante es José Luis Manzano, inspirador de "Robo para la Corona" de H. Verbistky), "la justicia social es una cuestión de ladrones" (swisinfo,ch 16/12/25) y al inaugurar las sesiones parlamentarias de 2026 dijo "a ver ignorantes, la justicia social es un robo, implica un trato desigual ante la ley que esta precedida de un robo, manga de ladrones, delincuentes".
Caputo ha estudiado las lecciones de Javier. Por eso, defendiendo los créditos que el Banco Nación otorgó a sus funcionarios, por ejemplo, a F. Furiase, los asoció a "justicia social" que, en realidad, es un robo en términos libertarios. No se equivocó. Furiase lo habría utilizado para una tercera propiedad: el Nación da préstamos para primera y segunda vivienda y el ex director del Central (que supervisa a los bancos) habría utilizado el crédito para una tercera casa de US$ 300.000 en un country de Pilar. LPO (9/4).
No todos son iguales, aún entre los libertarios. Sandra Petovello despidió al funcionario que "acudió a la maldita justicia social que es un robo" del crédito del Nación. Nada hay más importante en la vida que estar de acuerdo con uno mismo. Caputo...justicia social, traigan los dólares: ustedes, yo no.
Ud. dirá: ¿y qué tiene que ver todo esto con las políticas dominadas por el corto plazo y la ausencia de ponderación de las consecuencias?
Es que la noticia legislativa de la semana es la mayoría legislativa "multipartidaria" integrada por gobernadores peronistas, pícaros oportunistas que juntan votos con "la marca"; legisladores radicales, supuestos herederos de la lucha contra "los intereses del régimen" -la "causa"- y bloquecitos legislativos mutantes, no dudaron un minuto en aprobar la ley de glaciares que excluye la aprobación científica de los emprendimientos mineros en zona de glaciares y deja en manos de las burocracias provinciales la aprobación de esos proyectos. Obviamente acompañaron a libertarios y al PRO.
En el corto plazo festejarán la llegada de inversiones para explotar las riquezas mineras. Bien venidas sean. Pero, al derogar la imprescindible aprobación científica de las mismas, lograrán -en lo inmediato- mejoras en la vida cotidiana, pero habrán abierto "la caja de Pandora" de consecuencias que han decidido ignorar porque las han puesto, sin el menor cargo de conciencia, en manos inexpertas.
El problema moral de las consecuencias, de las decisiones políticas, es que tienen un lag suficientemente extenso como para que los responsables "disfruten" de las mieles de lo inmediato, mientras la sociedad sufrirá las consecuencias de su irresponsabilidad. Muchas veces ese voto tiene perfume crematístico. Cuando la Argentina tenga una organización gubernamental que custodie la decencia sería sabio tener un "Ministerio de las Consecuencias" integrado por personalidades calificadas de todos los ámbitos del conocimiento -con la sola exigencia de la capacidad y del "cursus honorum"- dedicada a inventariar "las consecuencias" a largo plazo de las normas gubernamentales.
Ello permitirá construir el mapa de "a dónde vamos"...y tal vez así dibujar al monstruo futuro, que a veces diseñan las decisiones de urgencia, y despertar la atención y ayudarnos a entender que "la urgencia del corto plazo" es una pésima consejera.
La inflación, el estancamiento, la carrera por el progreso personal siendo funcionarios por un tiempo son síntomas de una profunda enfermedad estructural de nuestra economía que jamás podrán curar las "estrategias efectistas" de corto plazo. Todo obedece al desprecio por las consecuencias, que es la enfermedad moral que padecen los que se niegan a pensar adónde vamos.










